Bernardo Navarro: el vértigo en el entretenimiento.

Por Ricardo Alberto Pérez

Hay artistas que en su obsesión crean una narrativa capaz de inquietar a diversos tipos de espectadores, la actividad subjetiva se abre a interpretaciones que en algún momento parecen antagónicas entre sí, el diapasón suele ser amplio con una riqueza de texturas respaldada por la vena cromática, y su inagotable imaginería a la hora de combinar las pulsiones  geométricas. Su campo de acción suele ser un conducto ascendente a partir  del cual esas inquietudes se transforman en imágenes y desde una especie de show abstracto  transmiten un universo renovado a sus seguidores; dentro de esa familia pictórica se inscribe Bernardo Navarro Tomas (La Habana,1977). 

Ahora estamos ante una nueva etapa de su creación que se manifiesta a partir de la serie Amusement Sites, la cual constituye un dialogo intenso y provocador con una tradición en esencia transgresora y concreta capaz de ir abriendo brechas profundamente significativas dentro del panorama de la historia del arte. Un camino que va del movimiento de Stijl, pasando por la estética de Sonia Delaunay, la escuela Bahaus (Paul Klee, Kandinsky, Erich Mrozek Josef Albers) hasta llegar a un artista tan sorprendente  como Frank Stella.

La obra de Navarro le permite al espectador hacerse una idea muy particular del uso del color (colores) a la luz de estos tiempos, en los que “la alegría acumulada” traducida en vigor va ser un elemento crucial para alimentar la necesidad de proseguir y el espíritu de resistencia no como un acto de resignación, sino como una estrategia para construir nuevas alternativas.

A esa poética que ha evolucionado bajo las múltiples influencias, ya mencionadas, se le impone un reto mayor: hemos sido puesto a prueba por circunstancias abruptas que significan vivir al límite, es decir la pandemia resultado del nuevo coronavirus que nos azota hace más de un año. Cómo quedan nuestras creencias estéticas y humanas ante este panorama que más que constituir un percance  sanitario transitorio representa una alerta o alarma sobre nuestra verdadera fragilidad. Cómo el artista puede usar ese arsenal que conforma su memoria fecunda para que la angustia y la desesperanza no lo limiten en un camino que ya él tenía concebido.

Entonces los lugares de entretenimiento nos estarán esperando, con el vértigo acostumbrado que nos relaja y contribuye a deshacernos de las tensiones (montaña rusa), pero ya no seremos los mismos de siempre, seguramente sentiremos cómo se multiplica el valor de esas “diversiones” y esto tendrá  relación con la enseñanzas adquiridas en este periodo vivido de forma totalmente atípica.

En Amusement Sites (2020- 2021) siento que la infancia se recupera a través de la memoria y la creación trayendo en si una pérdida de la ingenuidad pero a la vez  conserva las emociones de aquel tiempo, su radiante perceptibilidad, las formas y las diferentes texturas que va adquiriendo según lo recordado serán las vías más efectivas para compartir esas emociones a través de las cuales se transmiten varios mensajes valiosos.  

Se trata de recomponer el mundo a partir de descubrir en lo intuitivo una energía que se mete dentro de las cosas y mayorea desde allí sus destinos; llegando a tener función regeneradora en el campo de la subjetividad por ese constante afán de recuperar aquello que nos parece preciado y corre el peligro de desvanecerse. La soltura inusitada del color y de las formas que hace de cada una de estas piezas de Bernardo Navarro un atractivo espectáculo visual tienen como aliados indiscutibles dicha intuición y el subconsciente, ellos dialogan entre sí, a veces distraídos de las formas, y otras acentuándolas con una profunda pertinencia conceptual.

Toda obra suele tener soterrada una suerte de “gran ambición” que se desenvuelve como fuerza que impulsa el proceso creativo, en el caso de Navarro él percibe la idea de otra realidad, una dimensión distinta que su insondable imaginación representa a partir de composiciones basadas en la geometría y el color, aspectos que en su trabajo transmiten un dinamismo propio de la danza y la música. En ese sentido ha confesado su admiración por los performances de Oskar Schlemmer, un buen ejemplo de la representación impecable de un universo paralelo. La desmesura de lo geométrico parasitando flexibles estructuras que lejos de poner límites a la fantasía del espectador logran estimularla. 

Así unas piezas se sustentan en infinitas variantes de la abstracción, otras agregan a ese travelling cierto contenido matérico para reforzar el eco simbólico  y el empuje expresivo; en específico la obra Coney Island no solo nos habla del entretenimiento y la diversión, va más allá, nos comenta y de alguna manera desmonta como la mente humana queda subyugada al predominio del mito, es decir a un imaginario que se propaga y modifica su comportamiento, y exhortándolo a conseguir metas que a lo largo no lo van salvar de su soledad.